Son casi las ocho de la mañana, la alarma está a punto de sonar y las sábanas arropan hasta el final de mis finas cejas, “cinco minutos más”, dice mi subconsciente. En realidad tengo muchas ganas de empezar. Me imagino a mis
amigos, revolucionados y alocados a causa de la brisa veraniega. Me imagino la novedad de sus olores y sensaciones, de mis libros cargados de letras y números.

Hoy huele a reencuentro, a historietas, a charlas en primera fila y voz baja hasta la llamada del profesor.

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